La vida se basa en periodos
cortos de tiempo donde los sentimientos de cada fragmento de ese tiempo son lo
más dispares posibles. Podemos viajar a través de la memoria como en las cintas
de VHS rebobinando y rebobinando, repitiendo los mejores recuerdos, pasando
rápido los más dolorosos.
Hay veces que las cosas se rompen, que se hacen
añicos y lo primero que hacemos es intentar repararlo. Es estúpido que la
primera lección de un niño no sea algo tan básico como aprender a que por mucho que te esfuerces en
reparar algo, hay cosas que no se pueden reparar y eso está bien, o eso
necesito creer. Porque aunque algo sea irreparable no significa que este roto
por mucho tiempo, como bien es sabido, la vida se trata de cortos fragmentos de
tiempo que pasan a toda velocidad y donde los sentimientos en cada uno de ellos
son tan dispares como pueden y eso nos confirma que aunque algo esté roto hoy y
sea irreparable no significa que mañana lo sea.
Y se que suena a sermón de
Domingo, a frase de un grupo de ayuda o alguna de esas estupideces, pero no es
así. A lo largo de la vida, a través de miles de millones de fragmentos de
tiempo las cosas se romperán una y otra vez, se te romperá el corazón, te
romperás tú y quizás no lo puedas arreglar cuando quieras, quizás no es el
momento de repararlo ahora y entonces lo tacharás de irreparable y puede que te
abandones o abandones eso roto en una esquina con una sábana por encima cogiendo
polvo, en el olvido.
No importa.
Cuando el momento de en el que lo irreparable
se torna reparable, el olvido no importa, tu corazón roto no importa, lo que
importa es la oportunidad de reparar lo que era irreparable.