lunes, 25 de julio de 2016

Reparando lo irreparable.

La vida se basa en periodos cortos de tiempo donde los sentimientos de cada fragmento de ese tiempo son lo más dispares posibles. Podemos viajar a través de la memoria como en las cintas de VHS rebobinando y rebobinando, repitiendo los mejores recuerdos, pasando rápido los más dolorosos. 

Hay veces que las cosas se rompen, que se hacen añicos y lo primero que hacemos es intentar repararlo. Es estúpido que la primera lección de un niño no sea algo tan básico como  aprender a que por mucho que te esfuerces en reparar algo, hay cosas que no se pueden reparar y eso está bien, o eso necesito creer. Porque aunque algo sea irreparable no significa que este roto por mucho tiempo, como bien es sabido, la vida se trata de cortos fragmentos de tiempo que pasan a toda velocidad y donde los sentimientos en cada uno de ellos son tan dispares como pueden y eso nos confirma que aunque algo esté roto hoy y sea irreparable no significa que mañana lo sea. 

Y se que suena a sermón de Domingo, a frase de un grupo de ayuda o alguna de esas estupideces, pero no es así. A lo largo de la vida, a través de miles de millones de fragmentos de tiempo las cosas se romperán una y otra vez, se te romperá el corazón, te romperás tú y quizás no lo puedas arreglar cuando quieras, quizás no es el momento de repararlo ahora y entonces lo tacharás de irreparable y puede que te abandones o abandones eso roto en una esquina con una sábana por encima cogiendo polvo, en el olvido.

No importa. 

Cuando el momento de en el que lo irreparable se torna reparable, el olvido no importa, tu corazón roto no importa, lo que importa es la oportunidad de reparar lo que era irreparable.