martes, 26 de abril de 2016

Confianza.

Pasado. Pasado oscuro. Pasado cruel. Pasado hiriente. Pasado presente. Pasado que ataca y envuelve. Pasado roto, recuerdos rotos, recuerdos rotos que cortan, que te cortan y cortan al que se te acerca. 

Confianza. Confianza perdida. Confianza lejana y que deseas recuperar. Confianza rota. Confianza prostituida, confianza violada. Mal vendiste tu confianza por un par de caricias. Craso error. La perdiste y ahora no la encuentras, no recuerdas a quien se la vendiste. 

Te rindes, te levantas, te vuelves a rendir, lloras, gritas, rezas a algo, te castigas ¿por qué lo hiciste? la vendiste a quien no se la merecía, la vendiste al primero que dijo dámela ¿por qué te hiciste eso?. Y esperas a un héroe que luche contra tus demonios que se interne en la cueva que derribe muros y barreras y lleve a excalibur a su piedra, que devuelva la confianza y esperanza a tu corazón. 

Pero se cortan, se cortan con cada recuerdo, con cada sentimiento, con cada palabra. Levantas muros, los echas a patadas, porque la desconfianza ahora es la reina. Y entonces lo entiendes, es hora de un golpe de estado, de derrocar a la desconfianza, es hora de moverse aunque el miedo te ate.

Y entonces notas una cadena, otra y otra más, el miedo es fuerte. Pero no importa, vas a realizar un salto de fe, quizás los héroes no correspondan, quizás acabes encarcelado, torturado y sometido, pero es todo o nada.

Cierras los ojos y te dejas caer, te dejas caer esperando unos brazos que te sostengan y aún no sabes si alguien te cogerá pero no importa, ya has ganado, has derrocado a la reina, los segundos se hacen eternos esperando unos brazos que te sostengan antes de caer. 

Esperas. 

lunes, 25 de abril de 2016

Ladrillo a ladrillo.

Primer ladrillo, primera separación, un centímetro más lejos.

Segundo ladrillo, la desconfianza aumenta, la paranoia aparece, la distancia parece eterna.

Enhorabuena, has construido un muro, un muro que te separa de tu meta. Has creado a ese monstruo del que siempre has huido. Te convertiste en piedra. Te arrancaste el corazón, no necesitabas sentir más.

Pateas el muro, intentas derribarlo, pero no cae, lo arañas, te partes las uñas intentando escalarlo. Joder. Te sientas a pensar, pero la vida dentro del muro pasa más lento. Estás dentro encerrado con toda la mierda, con ese dolor, esa tristeza, el abandono, el resentimiento, la ira. Te golpeas contra ellos en ese ring que tu mismo has construido. Obviamente son más que tú, te superan en número, te dejan K.O. Te quedas en el suelo, les dejas que ganen.

El muro se hace más alto, la luz disminuye y entonces te abandonas, cierras los ojos y llega ese placentero dolor, ese que te hace estremecer. Y entonces lo sabes, has cavado tu propia tumba intentando protegerte. Te has realizado el harakiri sentimental. Y mientras tu corazón se petrifica, susurras...

El principio del fin.

Ardiendo.

Rojo. Rojo como las llamas. Juego con fuego sin entender que significa eso. Juego con fuego sin temor a quemarme. Quizás espere eso. Arder. Arder y sentir algo, sentir dolor o placer, sentir como lo que se quema se desintegra y se esfuma, se convierte en polvo y el viento se lo lleva. 

Quiero ser polvo y que el tiempo me lleve, me traslade a un mañana. ¿Existe el mañana?. No importa. El final no es importante, lo importante es el viaje. 

Azul. Azul como el fuego. Como ese fuego que alimenta el dolor. Dolor que arde con intensidad. Fuego que no se extingue, que el tiempo no consigue exterminar. Fuego que no se apaga ni a base de un diluvio de lágrimas. 

Blanco. Blanco como la paz. Paz ansiada y querida, anhelada y deseada. Paz esquiva y no encontrada. Paz y esperanza que se resbala entre los dedos. Paz que se encuentra al cerrar los ojos y encontrarte entre sus brazos. Paz que se encuentra cuando te llevas lo malo de su mundo. 

Negro. Pero no negro. Negro de fuerza. De perseverancia y determinación. Determinación por abandonar el agujero. Agujero que tu mismo has cavado olvidando la profundidad y ahora has quedado atrapado. 

Pero dejemos los colores, hoy he decidido cerrar los ojos para evitar ver mentiras, hoy los colores se aparecerán en mi mente, hoy la ceguera es voluntaria y merecida, hoy los colores no son reales, hoy los colores nacen del rojo. Rojo como el fuego. Fuego como la llama. Llama que nace del interior, de donde yace el corazón. 

domingo, 24 de abril de 2016

¿Felicidad?

Primer golpe. Primer pedazo que se cae. Primera grieta en tu alma.

Segundo golpe. Segundo iceberg que golpea el suelo. Comienzan las lágrimas.

Tercer golpe. Cierras los ojos y abrazas el dolor. La oscuridad te envuelve.

Cuarto golpe. Dejas de contar los golpes. Intentas contener las grietas, pero por cada una que reparas salen tres más.

Comienza un nuevo día, pero sin el nuevo, porque el dolor es el mismo. El día avanza, pero sin ti, estas en pie pero sin estarlo, ingieres ibuprofenos, pero este dolor no se quita con analgésicos. Llegas a casa, entras en la ducha y el agua te cae encima, intentas llorar pero ya no queda nada. Entras en la cama, las pesadillas vuelven.

3:42 de la mañana, el miedo es tan grande que no eres capaz ni de entornar los párpados, te levantas y cambias los ibuprofenos por ansiolíticos, pensando que la felicidad se encuentra en una pastilla, pierdes la cuenta de cuanta felicidad estas ingiriendo, la vista se nubla.

El despertador suena, 8:30, miras a tu alrededor y la caja de ansiolíticos está vacía en el suelo, tu estás al lado, el dolor vuelve. Coges el coche. 14;30 la comida ha perdido el sabor. 18:30 el trabajo te distrae. 9:30 en la farmacia a por más felicidad.

3:45 de la mañana, has decidido brindar con vodka y acompañarlo de más pastillas de la felicidad. 4:25 tu cuerpo deja de pertenecerte. 5:03 te metes los dedos para evitar el final.

Y primer golpe, segundo golpe, tercer golpe, cuarto golpe y dejas de contar golpes.